
-Estaré bien, mamá. No tienes de que preocuparte.- Le dirigí una sonrisa de aliento.
Por fin!, pensé en mis adentros. La verdad es que iba a estar más que bien. Mis padres no me dejaban sola ni siquiera cuando sabían que estaba con otra persona. Les dolía alejarse de mi –Lo notaba en sus rostros justo antes de marcharse a cazar- , y en esas ocasiones no estaba sola. Ya fueran mis tías Alice y Rose, o mis tíos Jazz y Emmett -aunque mis padres no me confiaban ya muchas veces a ellos debido a situaciones anteriores, como cuando, mientras el resto estaba de viaje, convertimos la casa de mis abuelos en un campo de paintball.- , mis abuelos y hasta Jacob o Seth.
-Lo sé cariño, pero. . . es que eres tan pequeña! . . .
-Mamá!, tengo 15 años!. . . o lo aparento, pero aún así. . . – Suspiré profundamente. –Yo sé defenderme.
-Pero para mí sigues siendo una pequeña de 6.-
-...y medio, no lo olvides.
Mi madre me miró tristemente, pero no podían esperar más…
-Muy bien, es hora. Por ninguna circunstancia abras la puerta; si tienes hambre tu abuela trajo pastel de mora, tu favorito; por tu propia seguridad no salgas de casa; si te sientes sola, puedes hacer lo que tú quieras menos…
-…Invitar a alguien?- la interrumpí. –mamá, yo se lo tengo o no tengo que hacer. Me lo repites cada vez que te vas.-
Mamá se acercó, me acarició la mejilla con su fría mano, y luego me besó la frente.
-Cuídate, hija- me dijo tiernamente antes de dirigirse hacia la puerta.
De pronto papá estaba allí, a mis espaldas.
Hacía calor ese día, así que me había vestido con una camisa a tirantes. El contacto de la mano de mi padre con mi piel me hizo estremecer y saltar al mismo tiempo.
-Papá, deja de hacer eso!- le dije riendo al mismo tiempo. Me aleje de el tanto como me fue posible, pero me tomó en sus brazos y me besó la mejilla.
-Se una chica buena y pórtate bien, si Nessie?
-Sí, papá. Te lo prometo.- Enfatice la última frase y le dirigí una mirada angelical.
Papá me dejó en el suelo y salió junto con mamá del vestíbulo. Mis padres preferían tenerme en casa de mis abuelos, ya que allí tenía mucho más espacio y les era más fácil vigilarme [¬¬].
Corrí a la parte frontal de la casa, que se compone de un gran ventanal, e hice un gesto de despedida con la mano. Me devolvieron el gesto y, acto seguido, desaparecieron entre los árboles.
